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Los sesenta: la miseria de aca dentro...
CORAZON DE POETA y EL HADA DE TUS SUEÑOS :: Foros de Poesía - Aquí tus Poemas :: CUENTOS, MICRORELATOS Y LEYENDAS
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Los sesenta: la miseria de aca dentro...
Por Ricardo Plaul
Corría la dorada década de los sesenta. El pelo largo y las barbas eran el símbolo de nuestro hippismo y de nuestra rebeldía de café. Luis y yo, ya éramos jóvenes maestros de dieciocho años, estudiábamos en Filosofía y Letras, en el viejo edificio de la calle Independencia poblado de carteles, consignas y utopías. Ella, ella era una dulce estudiante del Profesorado de Nivel Inicial. Ella: era mi amor.
Aquella tarde el teléfono sonó a la seis: ¿Hola? si, te espero a las siete en Constitución, no tardes. Para mi asombro esa vez Luis llegó puntualmente porque teníamos parcial. Una calma tensa nos acompañó por las escaleras del apergaminado edificio de la facultad. El rito objetivo del examen nos ausentó del mundo novelesco de la vida. De esa vida donde el “poder de la flor” se resistía a desaparecer frente a los largos y tenebrosos bastones de la dictadura.
Voces exaltadas, banderas rojas y negras vestían el acto que se desarrollaba en el hall central. Percibimos el clima denso, previo a la tormenta y decidimos irnos, cobarde y preventivamente, a tomar el colectivo. No sirvió de nada. Cuando subimos y el chofer arrancó nos sorprendió escuchar que las sirenas, en vez de alejarse, se acercaban cada vez más. La Guardia de Infantería de la Policía Federal se encargó de aclararnos la situación. Éramos culpables de estudiar y pensar, por lo tanto, de atentar contra la “seguridad nacional”.
Ella vió por televisión como, a su mejor amigo y a su novio, los tenían contra la pared con las manos en alto y luego los llevaban presos junto a otros sospechosos por subvertir el “orden público” y tener “peligrosas ideas foráneas”.
En Villa Devoto el silbato sonaba a las siete. “¡Vamos guerrilleros!, a levantarse ¿Quién pintó las paredes? El bigote del guardia-cárcel temblaba de indignación frente a semejante acto subversivo. Una maligna sonrisa de Universitarios traviesos se dibujaba en nuestros ojos. La barra de chocolate gastado contaba su destino.
El crepúsculo apretaba aquél nudo alrededor de la garganta cuando las visitas se iban dejando su carga de esperanza, de temor y de ternura y algunas sonrisas frente al espectáculo de jóvenes mujeres obligadas a alargar sus polleras para evitar la libidinosidad de presos de diez días.
“La miseria de acá dentro es miseria pasajera,
la cárcel que hay en sus almas,
esa sí que es verdadera.
Al pié de los muertos nuestros, una flor es la que crece,
nuestra mano la recoge,
nuestro fusil la protege.”
Y el eco devolvía las voces enardecidas que golpeaban a los santos de la pequeña capilla.
¡Silencio! Y el moderno vocero leía para todos sentado en una cucheta superior: “dos estudiantes muertos” Bello, Cabral: dos nombres más para la sangre política del monstruo. No sabíamos que esto era una pequeña muestra de lo que estaba por venir en la siguiente década. El monstruo económico cívico- militar continuaba una ofensiva iniciada en los años treinta, repetida en el 55 y profundizada a partir del 76. Nosotros éramos veinte “zurditos” que, en ardorosas discusiones, no lográbamos ponernos de acuerdo en cómo se iba a lograr la tan ansiada Liberación Nacional y Latinoamericana.
Un grito me despertó de madrugada: ¡Vamos Ricardo, salimos! Corrimos ansiosos a desparramar nuestra juventud por las calles de la libertad, aunque algo nuestro quedaba allí dentro. Mientras tanto en Córdoba, obreros y estudiantes encabezaban la pueblada que iba a ser el principio del fin de la llamada “Revolución Argentina” de Onganía.
Luis sobrevivió a la dictadura del Proceso pero fue una de las primeras víctimas, en la década de los ochenta, del HIV, cuando aún era llamada: “la peste rosa”.
Ella aún es mi amor, después de treinta y siete años de casados.
La UTOPÍA sigue viva, a pesar de los variados y persistentes intentos por destruirla. Es una llama a cuidar, un camino a construir colectivamente. Ha costado ya demasiadas vidas.
Corría la dorada década de los sesenta. El pelo largo y las barbas eran el símbolo de nuestro hippismo y de nuestra rebeldía de café. Luis y yo, ya éramos jóvenes maestros de dieciocho años, estudiábamos en Filosofía y Letras, en el viejo edificio de la calle Independencia poblado de carteles, consignas y utopías. Ella, ella era una dulce estudiante del Profesorado de Nivel Inicial. Ella: era mi amor.
Aquella tarde el teléfono sonó a la seis: ¿Hola? si, te espero a las siete en Constitución, no tardes. Para mi asombro esa vez Luis llegó puntualmente porque teníamos parcial. Una calma tensa nos acompañó por las escaleras del apergaminado edificio de la facultad. El rito objetivo del examen nos ausentó del mundo novelesco de la vida. De esa vida donde el “poder de la flor” se resistía a desaparecer frente a los largos y tenebrosos bastones de la dictadura.
Voces exaltadas, banderas rojas y negras vestían el acto que se desarrollaba en el hall central. Percibimos el clima denso, previo a la tormenta y decidimos irnos, cobarde y preventivamente, a tomar el colectivo. No sirvió de nada. Cuando subimos y el chofer arrancó nos sorprendió escuchar que las sirenas, en vez de alejarse, se acercaban cada vez más. La Guardia de Infantería de la Policía Federal se encargó de aclararnos la situación. Éramos culpables de estudiar y pensar, por lo tanto, de atentar contra la “seguridad nacional”.
Ella vió por televisión como, a su mejor amigo y a su novio, los tenían contra la pared con las manos en alto y luego los llevaban presos junto a otros sospechosos por subvertir el “orden público” y tener “peligrosas ideas foráneas”.
En Villa Devoto el silbato sonaba a las siete. “¡Vamos guerrilleros!, a levantarse ¿Quién pintó las paredes? El bigote del guardia-cárcel temblaba de indignación frente a semejante acto subversivo. Una maligna sonrisa de Universitarios traviesos se dibujaba en nuestros ojos. La barra de chocolate gastado contaba su destino.
El crepúsculo apretaba aquél nudo alrededor de la garganta cuando las visitas se iban dejando su carga de esperanza, de temor y de ternura y algunas sonrisas frente al espectáculo de jóvenes mujeres obligadas a alargar sus polleras para evitar la libidinosidad de presos de diez días.
“La miseria de acá dentro es miseria pasajera,
la cárcel que hay en sus almas,
esa sí que es verdadera.
Al pié de los muertos nuestros, una flor es la que crece,
nuestra mano la recoge,
nuestro fusil la protege.”
Y el eco devolvía las voces enardecidas que golpeaban a los santos de la pequeña capilla.
¡Silencio! Y el moderno vocero leía para todos sentado en una cucheta superior: “dos estudiantes muertos” Bello, Cabral: dos nombres más para la sangre política del monstruo. No sabíamos que esto era una pequeña muestra de lo que estaba por venir en la siguiente década. El monstruo económico cívico- militar continuaba una ofensiva iniciada en los años treinta, repetida en el 55 y profundizada a partir del 76. Nosotros éramos veinte “zurditos” que, en ardorosas discusiones, no lográbamos ponernos de acuerdo en cómo se iba a lograr la tan ansiada Liberación Nacional y Latinoamericana.
Un grito me despertó de madrugada: ¡Vamos Ricardo, salimos! Corrimos ansiosos a desparramar nuestra juventud por las calles de la libertad, aunque algo nuestro quedaba allí dentro. Mientras tanto en Córdoba, obreros y estudiantes encabezaban la pueblada que iba a ser el principio del fin de la llamada “Revolución Argentina” de Onganía.
Luis sobrevivió a la dictadura del Proceso pero fue una de las primeras víctimas, en la década de los ochenta, del HIV, cuando aún era llamada: “la peste rosa”.
Ella aún es mi amor, después de treinta y siete años de casados.
La UTOPÍA sigue viva, a pesar de los variados y persistentes intentos por destruirla. Es una llama a cuidar, un camino a construir colectivamente. Ha costado ya demasiadas vidas.

Ricardo Luis- POETA CORAZON DE PLATINO

- .:


Envíos: 329
Edad: 63
Vivo en: Remedios de Escalada
PAIS DE ORIGEN:
Nombre: Ricardo Luis Plaul
Alta: 21/04/2010
Puntos: 762
Reputación: 4

Re: Los sesenta: la miseria de aca dentro...
ERES UN NARADOR EXCELENTE RICARDO, PUDE SEGUIR CON FACILIDAD, COMO UNA PELICULA IBAN PASANDO LOS VARIOS ACONTECIEMIENTOS. MUCHO INTERES LO LEÍ
VAYA HOMBRE TE SALVASTE NO ERA TU TIEMPO DE IRTE Y MIRA COMO EL DESTINO TE FUE BUENO EN AMOR, AUN LO VIVES. ESPERO POR MUCHOS AÑOS MÁS AMIGO.
GRACIAS POR COMPARTIR.
BESITOS
MERCHE
VAYA HOMBRE TE SALVASTE NO ERA TU TIEMPO DE IRTE Y MIRA COMO EL DESTINO TE FUE BUENO EN AMOR, AUN LO VIVES. ESPERO POR MUCHOS AÑOS MÁS AMIGO.
GRACIAS POR COMPARTIR.
BESITOS
MERCHE

Merche- MIEMBRO DE HONOR

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Re: Los sesenta: la miseria de aca dentro...
Duro por su realismo y tierno por como lo narraste Ricardo. Momentos de unas vidas que quedaron marcadas no solo en la historia , también en los corazones de aquellos que lo vivieron.
Enhorabuena . Un muy buen Relato.
Abrazo
Enhorabuena . Un muy buen Relato.
Abrazo



Coral Paris- MIEMBRO DE HONOR

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Tercer Lugar

Re: Los sesenta: la miseria de aca dentro...
gracias chicas un abrazo

Ricardo Luis- POETA CORAZON DE PLATINO

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Nombre: Ricardo Luis Plaul
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